Ahora que (¡por fin!) parece que dejamos la pandemia atrás, la mayor parte de las empresas están volviendo a las oficinas implantando modelos de trabajo más flexibles que los que teníamos antes del confinamiento. Aunque son pocas las empresas que están apostando por soluciones radicales de teletrabajo, lo cierto es que en la mayor parte de las compañías se está permitiendo a los empleados cierta libertad para trabajar desde casa entre uno y tres días por semana. Es lo que en muchas empresas se está llamando SMARTWORKING.

Implantar un modelo de teletrabajo, aunque sea parcial, es bastante más complicado de lo que parece. Son muchos los cambios organizativos, tecnológicos y culturales que hay que emprender. Y pocas son las empresas que están siendo capaces de hacerlo con éxito.

Por nuestra experiencia trabajando con empresas de diferentes sectores en la implantación de soluciones de teletrabajo, consideramos que hay 3 grandes aspectos sobre las que las empresas, necesariamente, tienen que trabajar si de verdad quieren implantar con éxito un modelo de SMARTWORKING

1. Mejorar los procesos y herramientas de colaboración.

Lo primero que pasa cuando una empresa empieza a teletrabajar es que se multiplican las reuniones y se genera con ello lo que se ha venido a llamar “fatiga de zoom”. Los empleados pasan a tener más de un 70% de su tiempo dedicado a asistir a videoconferencias, lo cuál destruye por completo la capacidad para ser eficientes gestionando su tiempo, les impide realizar trabajo de valor y termina por generar un importante efecto quemazón.

Si queremos ser efectivos teletrabajando tenemos que ser capaces de que crear una cultura de trabajo asíncrono y eso pasa, necesariamente, por formar a nuestros empleados en la utilización herramientas de colaboración asíncrona como Teams, Slack o la ofimática en la nube. Y también crear protocolos de utilización de correo electrónico y de reuniones eficaces. Pocas empresas los tienen. Por eso en pocas empresas el teletrabajo funciona de forma satisfactoria y la mayor parte de sus empleados están quemados por hacer demasiadas reuniones virtuales.

2. Implantar un nuevo estilo de liderazgo.

Para que el teletrabajo funcione los managers no pueden tomar todas las decisiones. Si los empleados trabajan la mayor parte del tiempo en forma remota tendrán que tomar más decisiones de forma autónoma y no recurrir continuamente a sus managers para que les digan que tienen que hacer. Un teletrabajo efectivo pasa necesariamente por un mayor nivel de autogestión del equipo y por la creación de un entorno de seguridad psicológica en el que no se penalicen los errores. Y esto va contra la educación que llevamos años dando a nuestros directivos, a los que hemos convencido de que lo más importante de su rol es tomar decisiones.

Si queremos ser efectivos teletrabajando necesitamos managers más enfocados al desarrollo y a la facilitación del equipo y menos a la toma de decisiones. Y colaboradores mucho más empoderados y menos dependientes de su jefe. De lo contrario los directivos y managers terminarán convirtiéndose en los auténticos cuellos de botella de la organización.

3. Generar nuevos espacios de interacción social entre empleados.

Uno de los mayores riesgos que existen a la hora de adoptar el teletrabajo en cualquiera de sus formas es que se reducen las ocasiones en la que los empleados tienen contacto entre ellos. Esto genera desapego hacia la empresa y pérdida del sentimiento de pertenencia. Y puede llegar, con el tiempo, a generar problemas de comunicación y conflictos por falta de comunicación.

Y no solo se estropea el clima laboral. La innovación y la creatividad también se resienten, ya que hay menos ocasiones para que se produzca la serendipia, eso que hace que en muchas ocasiones la idea más brillante que se genera en una empresa surge de un encuentro ocasional entre empleados delante de la máquina de café.

Por ello, necesariamente, si queremos que las relaciones humanas y la creatividad no se resientan tras la implantación del teletrabajo, las empresas tienen que apostar por crear espacios virtuales o presenciales en los que los empleados pueden relacionarse y crear de forma conjunta.

Si las empresas fueran capaces de dar respuesta a estos tres retos, sin duda tendrían mucho éxito en la implantación del teletrabajo.

Desafortunadamente, la mayor parte de las empresas están más centradas en el debate de si hay que ir a la oficina uno o tres días a la semana y si la empresa tiene que compensar o no al trabajador por utilizar su vivienda como centro de trabajo.

Y esas últimas cuestiones, teniendo su importancia, no son realmente las más relevantes. Lo relevante es ser capaz de acometer esos cambios culturales, organizativos y tecnológicos que pueden convertir el modelo de teletrabajo de la empresa en una auténtica ventaja competitiva a la hora de atraer y retener talento.

Porque, no lo olvidemos, los países europeos tenemos una demografía muy débil. Y los próximos años vamos a presenciar una verdadera guerra por el talento. Especialmente para perfiles altamente cualificados.

Y solo las empresas que sean capaces de ofrecer a sus empleados un modelo SMARTWORKING serán capaces de tener acceso a ese talento a un coste razonable.  


10 CONTENIDOS PARA SABERLO TODO DEL SMARTWORKING

Agustín Rosety

𝗦𝗼𝗰𝗶𝗼 𝗗𝗶𝗿𝗲𝗰𝘁𝗼𝗿 𝗱𝗲 𝗠𝗼𝗲𝗯𝗶𝘂𝘀 𝗖𝗼𝗻𝘀𝘂𝗹𝘁𝗶𝗻𝗴.

Experto en Experiencia de Cliente y Transformación Digital. Socio de Moebius Consulting. PDG y Programa de Transformación Digital por el IESE. Profesor del Master de Experiencia de Cliente en IGS La Salle.