Hasta el estallido de la 2ª Guerra Mundial, las sociedades indígenas de las islas de la Melanesia (Pacífico Sur) habían vivido prácticamente aisladas del resto del mundo. Mantenían unas condiciones de vida muy parecidas a las de sus ancestros. Pero a partir de ese momento, algo nuevo e imprevisto sucedió.

Esa región del mundo resultó ser de interés militar para el ejército norteamericano, en su contienda contra el imperio japonés. De un día para otro, en alguna de esas plácidas islas, empezaron a asentarse soldados. Se construyeron pistas de aterrizaje, y el ir y venir de aviones empezó a ser habitual. El cargamento que transportaban esas aeronaves de carga, de alguna forma redundó en un beneficio autopercibido por los habitantes de esa región del Pacífico (utensilios, herramientas, etc.)

Los indígenas llegaron a identificar el trasiego de soldados y aviones (cargos) con prosperidad. Y con el tiempo, empezaron a imitar, con sus modestos medios, lo que habían estado viendo. Construyeron réplicas de aviones con lo que la naturaleza les aportaba (ramas, hojas,…). Con unos cocos simulaban los auriculares de los pilotos, … Y en definitiva, una vez acabada la guerra y por tanto el tránsito de aviones, empezaron a venerar y a generar culto a réplicas muy bastas de aquello que estuvieron observando durante el establecimiento de esas bases militares.

El razonamiento de los aborígenes era sencillo. Imitando y replicando lo que asociaron a prosperidad, seguirían prosperando. Pero lo que esas sociedades no entendían, era que simplemente dos países estaban manteniendo una guerra. Esa lógica se les escapaba. Y por tanto, lo que ellos observaban no era algo “mágico” que les venía a traer prosperidad. Por mucho que rindieran culto a las réplicas o imitaran lo que habían estado observando, ninguna prosperidad similar iba a volver de nuevo.

Este fenómeno, conocido como Cargo Cult y ampliamente estudiado posteriormente por los investigadores, vendría a explicar por qué la implantación de frameworks agile no funciona en muchos equipos ni organizaciones. La falacia de la agilidad, implica que por el mero hecho de utilizar algunas de las metodologías agile, la entrega de valor va a ser más rápida y menos costosa. Y así encontramos equipos enteros moviendo “post-its” en paredes físicas o virtuales, con sus product owners, agile coaches, sus certificaciones, sus ceremonias,… pero los resultados no llegan.

De ahí que antes de plantearse el implantar cualquier marco de trabajo agile en las organizaciones, tengamos que hacer una seria reflexión ¿Qué estamos dispuestos/podemos cambiar en la organización o equipo?

Agilidad no es solo rapidez, y menores costes. Mayormente es flexibilidad. Si dónde decimos “agilidad” no podemos substituir por “flexibilidad”, algo tendríamos que revisar en el planteamiento y enfoque de la agilidad, en nuestro equipo u organización.

Por tanto, a no ser que lo que se pretenda simplemente sea tener unas salas de reunión de lo más “fashion”, repletas de tableros, con sus vistosos “post-its” de colores, y con apuestos y preparadísimos equipos multidisciplinares, con «look agile», cabe preguntarse previamente: ¿hasta dónde podremos cambiar procesos, estructuras, forma de funcionar, roles, tareas, etc.? Todo con el fin de ganar en flexibilidad y rapidez con la que adaptarnos a los cambios repentinos de requerimientos, tanto externos de cliente, como internos del equipo y de la organización. Y seguir creando y entregando valor en ciclos cortos.

En agilidad es importante recordar que la Cultura es lo más importante de todo. Y los principios ágiles, son mucho más importantes que las prácticas.

No plantearse las preguntas correctas, y hallar las respuestas adecuadas, hará que sigamos escuchando lamentos, como los que me compartían hace unos días: “Implantamos Kanban perfectamente, muy bien asesorados y ahora visualizamos mucho mejor nuestros problemas y cuellos de botella. Vemos maravillosamente como estamos de mal. Pero no podemos cambiar nada”. Y sin querer, me vinieron a la mente los aborígenes de la Melanesia. Pero esta vez, en mi imaginación, adorando “post-its” en los árboles del Pacífico Sur.


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Xavier Rodríguez

𝗦𝗼𝗰𝗶𝗼 𝗗𝗶𝗿𝗲𝗰𝘁𝗼𝗿 𝗲𝗻 𝗠𝗼𝗲𝗯𝗶𝘂𝘀 𝗖𝗼𝗻𝘀𝘂𝗹𝘁𝗶𝗻𝗴

Experto en Organizaciones Exponenciales y Design Thinking. ExO Sprint Coach por Open ExO. Diplomado en Digital Strategies for Business en la Columbia Business School.